Los días comienzan en Diciembre, de esa forma especial,
solo después de algunas semanas de frío, cuando la
temperatura
aumenta y el lijero calor de ese segundo y fugáz verano
altera el ánimo y produce una incierta sensación de
inquietud en el cuerpo.En este tiempo, vuelven a aparecer durante
las horas de sol
las camisas lijeras y, la gente camina más lentamente en
los paseos
vespertinos.
Frente al malecón del
puerto se puede ver a algunos transeuntes
a los que el viento marino comienza a mover la ropa y
despeinar
los cabellos, al soplar de nuevo para adueñarse de la
noche.
Una hora en que, a la
media luz crepuscular, se retiran quien
sabe adonde, las últimas gaviotas y alcatraces, después
de una última
zambullida en busca de algun pececillo aún visible bajo
la superficie.
Es en estos dias cuando se
produce el gran espectaculo. La
luna llena al salir por detrás de Cayo Juan Claro, créa
con su rielar,
una forma de guitarra vírgen, sin sonido, que espera
durante una hora
aproximadamente a alguna barca tardía, que la atraviese
haciendola vibrar
a su paso, lo que a pesar de suceder en raras ocasiones,
espero siempre,
sentado bajo el pino de la orilla, junto al muelle
grande, sintiendo
las olas llegar hasta sus desnudas raices. Cosa esta que
lo hace temblar,
pronosticando desde hace años, su caída dentro de esa
aguaya
sin brillo, cuando me voy a dormir.
Aporte del Sr. Alfredo
Martínez
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